Edición Impresa: 06/18/2008

Ana Alejandre es una inmigrante que con perseverancia obtuvo la ciudadanía

Ana Alejandre sostiene la bandera norteamericana y su certificado como nueva ciudadana.
Foto de El Centinela por Juan Kis.

La historia de Ana Alejandre, es la historia de una joven inmigrante mexicana, con grandes aspiraciones y que llegó a este país y supo vivir estos 12 años, todo el proceso que se requiere para ser una ciudadana norteamericana. Proceso que ella recorrió desde el mismo momento en que “se cruzó la barda”, como ella lo dice con sus propias palabras.
Nacida en las Zarquillas (Michoacán), vive en Salem, Oregón. De padres y hermanos netamente mexicanos. Casada con Juan Haro y madre de dos hijitos Kris y Julián. Ana Alejandre es el ejemplo que muestra la convicción de alguien que quiere lograr lo mejor en su vida. Ella vivió las condiciones de los “ilegales” pero tuvo claro, desde el principio, que un día iba a ser legal, o mejor, a tener la Ciudadanía Norteamericana y por eso trabajó paso a paso todos estos años.
Y ese día se llegó el pasado 21 de mayo, cuando asistió con su esposo e hijos a la entrevista en las oficinas del ICE en Portland (Oregón). Un día esperado durante 12 años y que por fin llegó.
“A las 9.30 a.m. fue mi examen para obtener la Ciudadanía. Fue muy fácil porque en realidad después de vivir aquí estos años, ya estaba preparada para hacerlo y así fuera muy difícil y me hubieran preguntado toda la historia de este país, yo lo habría pasado porque yo estudié todo, aparte de lo que ellos te dicen que estudies. Yo busqué toda la información y lo hice por mis hijitos Kris y Julián que nacieron en este país. Y por ellos yo quiero saber de la historia del país donde ellos van a crecer”.
El deseo de Ana Alejandre fue muy grande. Ella envió la solicitud el mes de octubre cuando cumplió los tres años requeridos para solicitarla. “Estuve estudiando poco a poco desde entonces, unas horas y cuando me llegó mi cita estuve estudiando mucho más. Sobre todo, el examen de lectura y escritura, porque yo quiero leer y escribir bien en inglés”.
Esta joven madre, tiene clara la importancia del inglés en su vida como ciudadana norteamericana. “Es muy importante, porque toda la documentación que llega del gobierno es en inglés y si quiero saber qué dice y quiero tener un buen vocabulario en inglés y hablar con toda clase de personas, pues tengo que hablar este idioma y hacerlo bien”, indicó en entrevista con El Centinela.
El idioma fue la puerta que le abrió su vida en este país. “Yo quiero hablar con toda clase de personas y cuando estoy con personas importantes no quiero ser de las calladitas. Yo quiero saber las cosas y si no pudiera hablar inglés no podría enterarme, por eso tuve claro que quería aprender a hablarlo y desde que llegué a este país ví que no saber hablar inglés era un problema”.
Muchos de los hispanos inmigrantes, no lo ven tan claro como Ana y piensan en sobrevivir día a día sin aprender el idioma. Pero si sólo se habla español, esto a la larga es un problema de cada día. Ana Alejandre misma lo explica: “Comprando en la tienda no podía comprar lo que quería y cuando iba a pagar a la caja estaba insegura por no poder preguntar y me parecía horroroso depender de mis hermanos. Me sentía inválida. Cuando vine aquí la primera vez, yo quería saber y al principio no entendía nada”.
Para Ana Alejandre la realidad de sus padres inmigrantes fue un ejemplo que ella nunca quiso seguir. “Yo fui criada por mi papá y a él no le importaba aprender nada. Ni español, ni inglés. Sólo quería trabajar para que su familia comiera y no le importaba superarse fuera de lo que era su trabajo diario. Así vivió en Estados Unidos por más de 45 años”.
Ana recuerda que a pesar de que su padre llegó hablando español, él nunca aprendió a leer ni a escribir, ni en español, ni en inglés. “El se aprendió las calles por los colores y no porque supiera leer. A mí el mundo como el de mi papá me parece muy difícil y no podría seguir una vida como la de él. El trabajaba demasiado, y siempre usando sus manos haciendo de todo. Pero yo creo que hay que usar la cabeza para salir adelante y sobre todo, en este país”.
Por eso, cuando el 21 de mayo, le dijeron a Ana Alejandre que había pasado el examen de Ciudadanía, el cual incluye lectura y escritura ella sintió que había logrado dar un paso muy importante en su vida. “Me dijeron que mi examen de lectura y escritura eran excelentes y que en el de historia no necesitaban preguntarme más. Que ellos veían que yo estaba preparada para hacerlo”.
Ella no dudó en ningún momento que podía hacerlo y esa confianza en sí misma fue muy importante. “Cuando yo llegué estaba totalmente segura de que podía presentar el examen y cuando me llamaron, mi esposo Juan me dijo: ‘suerte’, y le dije: ‘yo puedo hacerlo’. Mi tiempo fue sólo de 10 minutos y fue rápido, porque me estuve preparando por 12 años para ese momento”.
El juramento fue una de las partes importantes en el proceso de obtener la ciudadanía. “Porque ellos me dijeron que jurara y que iba a decir la verdad. Ellos te dicen que levantes la mano derecha y te preguntan si has cometido ciertos delitos en este país”.
En ese momento, las autoridades migratorias ya tienen la información que requieren. Por eso es vital decir la verdad durante todo el proceso, para llegar al momento de lograr la Ciudadanía. Muchos hispanos mienten y cuando se han enfrentado a las autoridades o la Corte por problemas migratorios, dicen mentiras y éstas quedan registradas.
En el caso de Ana Alejandre quien vivió sin documentos legales, el hecho de haber dicho la verdad, le abrió las puertas en este proceso de lograr su estatus legal. “No importa cuando eres ilegal, porque cuando llegas a la entrevista para obtener la Residencia, ellos te preguntan cómo llegaste a este país y ellos tienen registrado si te agarraron. Uno tiene que decir la verdad, porque si en el momento en que te están preguntando dices una mentira, ellos no te lo perdonan y te castigan, al no darte la Residencia”.
Ana fue honesta en todo momento. “Mi hermano me preguntó y cuando te pregunten que cómo llegaste al país ¿qué les vas a decir? Yo le dije, pues que me pasé la barda y me vine caminando por el cerro y después me agarraron”.
Antes de entrar a este país, Ana tuvo que intentarlo tres veces en su deseo de llegar a vivir a los Estados Unidos, como muchos otros inmigrantes mexicanos. Al final, ella logró pasar, pero desde siempre vivió sin mentir y buscando la forma de cumplir para no tener problemas.
“En esa época cuando yo pasé, no te pedían acta de nacimiento o documentos y tampoco te tocaba hablar. Pero si las personas presentaban un documento falso, eso sí era un delito federal y nos habrían mandado a la cárcel y esto es lo peor que alguien puede hacer pues te incrimina inmediatamente y cuando en el futuro llegas a inmigración y te preguntan si lo hiciste, eso no te lo perdonan nunca”.
Hoy que ella recuerda su experiencia, sabe que los tiempos han cambiado. “Un tío mío era coyote y esto se ha vuelto peligroso, por eso él ya no es coyote y ahora se dedica a la construcción”. Ahora el proceso del cruce es complicado en su opinión. “Eso de ser coyote es una organización grande, y tienes que darle comisión en la línea y en la frontera. En este lado hay migración de USA y al otro lado, hay policía de México. Los mexicanos te extorsionan y a cada coyote le cobran y le cobran por cada persona que pasan”.
Ella recuerda que al entrar a este país, a pesar de estar en las manos de las autoridades migratorias, no es tan peligroso como en el caso de caer en manos de los mexicanos. “Los de inmigración no te roban. Uno de Estados Unidos te lleva al retén, pero no te roba. En cambio los del lado de México, te agarraban y te robaban el poco dinero que traías y si te veían los zapatos hasta te los quitaban”.
Toda esta historia y las experiencias que Ana ha vivido al ser inmigrante, quedaron atrás. Y el recuerdo más importante de su vida, fue cuando recién llegada a este país, en Chemeketta Community College, asistió a una clase donde los estudiantes se preparaban para obtener la ciudadanía.
“Esto fue en 1996, cuando fui a una clase para aprender inglés y no sabía ni los días de la semana, ni nada. Recuerdo la cantidad de veces que el bus me dejó en otra parada, porque no sabía leer para hacer parar el bus”.
Fue una época difícil como aprender a caminar de nuevo. Pero en el colegio ella aprendía inglés “y me dijeron que si quería ir a una clase donde varias personas se habían hecho ciudadanos, porque querían motivarnos. Cuando los ví a todos y explicaron el proceso, y nos mostraron su certificado, yo desde ese momento dije: ‘algún día voy a tener un papel de esos’. Me acuerdo que yo tenía 4 meses aquí en los Estados Unidos.
Ana Alejandre, logró ese papel. El certificado de la ciudadanía. “Yo recuerdo esos estudiantes que me dieron la motivación. Ellos estaban felices y explicaron el proceso por el que había pasado. Yo acababa de llegar al país y era ilegal, y pensaba que podía arreglar los papeles por parte de mi papá y sabía que ellos lo habían logrado y no me faltaban ganas para hacer lo mismo”.
La ceremonia fue a las 2.00 de la tarde del mismo día 21 de mayo y ella al lado de otras 23 personas juraron ante la bandera norteamericana. “La ceremonia fue tan rápida y tan emotiva y te hace pasar por tu cabecita todo el proceso que has vivido desde que llegaste como inmigrante. Estas como en las nubes y es muy emotivo, porque ellos te dan las gracias por venir a este país y por contribuir con tu trabajo, y te dicen todos los beneficios que tienes por derecho”.
Ana Alejandre debe iniciar esta nueva vida. “Ahora me debo registrar en la oficina de seguro social y tengo los derechos de un ciudadano norteamericano. Puedo votar. Puedo viajar con un pasaporte americano y ya puedo pedir a personas como mi madre o mi padre, y si tuviera hijos menores de 18 años, ellos automáticamente serían ciudadanos. Eso es excelente”.
Las metas continúan en el futuro de Ana. “A mí me interesa trabajar en departamentos donde yo pueda ayudar a nuestra comunidad latina y ahora con el inglés y el español que tengo, ya puedo trabajar en cualquier oficina federal del estado y lo quiero hacer para ayudar a la comunidad hispana”.
El deseo es ayudar a los hispanos pues ella conoce realmente su realidad. “Tengo muchas ganas de trabajar para el distrito escolar un tiempo y trabajar para el estado”.
Cada día van a llegar personas ilegales,que no saben hablar inglés y van a llegar de México. Yo quiero trabajar para ayudarlos y veo que hay muchas necesidades, porque esas personas vienen huyendo de la pobreza y traen a sus niños, y esos niños necesitan ayuda”.
Ser ciudadana es como tener una nueva vida. “No sé si te fortalece en cuestión de tus emociones. Es un gran paso y por eso quiero motivar a muchos que son residentes y no lo han hecho. Yo tengo mis hermanos y ellos se van a motivar y es importante que den ese paso. Creo que en mi familia se necesitaba que alguien diera ese paso”.
Ana es la primera ciudadana norteamericana en una familia de 8 hijos. “Todos son residentes y no creen que yo lo hice sola”. Pero lo hizo y ahora ella será la motivación de su familia y otros hispanos que no aún no han dado este importante paso.

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