
El testimonio de Abdías y Zaida recordó la redada en Portland.
Foto de El Centinela por Kim Nguyen.
Hace un año la historia que se registraba en las páginas de El Centinela, era la de la detención de 167 inmigrantes, la mayoría hispanos, en las instalaciones de la procesadora Del Monte, en el norte de Portland.
Hoy, cuando ha pasado un año, la historia sigue vigente. Esta historia continua en el día a día de todas las familias que ya han enfrentado la deportación de sus seres queridos.
Pero sobre todo, en la historia de los cientos de niños que se han quedado sin sus padres y hoy, tienen un futuro incierto por la situación migratoria. Ese fue el tema del foro abierto, para hablar de un año después de la redada, que se llevó a cabo el pasado 10 de junio, en la Iglesia San Andrés de Portland.
Allí estuvieron presidiendo el evento, líderes de la comunidad, como Marco Mejía, del Movimiento Santuario, Romeo Sosa, del Proyecto VOZ, además de Pedro Sosa y su esposa Emiliana, quienes han apoyado la labor del Comité de Solidaridad y Apoyo Mutuo.
La actividad del martes en la Iglesia San Andrés, fue para escuchar los testimonios de dos de las mujeres, víctimas de la redada, que han tenido que portar el ‘brazalete’ durante este año, mientras esperan la decisión de las autoridades migratorias.
Y a pesar de que cada historia es particular y cada una de las 167 víctimas de la redada, tiene su propia experiencia, la historia de Abdías Cortés y Zaida Villatoro fue el centro del foro para recordar la tragedia que han vivido las víctimas de la redada durante este último año.
Nathan Teske, del Programa Hispano y David Ayala de SEIU, presidieron la reflexión sobre la realidad de las familias desintegradas a causa de la redada. En Portland, los inmigrantes se llenaron de miedo. Muchos no salieron de sus casas durante varios días y posteriormente, se ha vivido la deportación de más de 100 inmigrantes de este grupo. Los niños, al final son las víctimas de esta situación.
David Ayala, explicó que siendo de El Salvador, la situación política de su país lo llevó a convertirse en inmigrante. Y como él muchos vienen en busca de un lugar seguro y sobre todo un futuro, como las cientos de familias de mexicanos que buscan un trabajo y un lugar para vivir.
Estas condiciones, de necesidad sobre todo, son las que se ignoran en el momento en que una redada sucede. También se ignora el aporte de los inmigrantes, que como en el caso de Del Monte, se encontraban en su sitio de trabajo. Esa jornada laboral los condujo a la cárcel por la falta de sus documentos legales.
“Recuerdo el día de la redada, sobre todo, porque todos mis compañeros de trabajo estaban muy asustados, muchos llorando. Después de esa fecha yo estuve durante varios días muy sorprendida de pensar que todo esto nos había sucedido”, dijo Abdías Cortés a los asistentes.
Ella recuerda perfectamente como fue ese momento, que le cambió la vida. “El día que llegó inmigración, una compañera los vio por la ventana y ella no sabía distinguir si se trataba de la policía o de las autoridades de inmigración. Todos estábamos muy asustados”, reiteró ante el silencio de los participantes.
Abdías dijo que muchos estaban trabajando y cortando la fruta para armar las bandejas. “Cuando miré que ellos iban corriendo con los cuchillos en las manos, les dije que los tiraran para evitar una tragedia. Hubo personas que ese día no fueron a trabajar y por eso se salvaron”.
En las palabras de Zaida Villatoro, otra de las víctimas de la redada, la experiencia también fue traumática. “Yo fui enviada a Tacoma cuando me detuvieron y es muy triste pasar la experiencia de ser enviada lejos, porque lo tienen a uno sin comer, y hasta sin dormir la primera noche”.
Pero de los recuerdos que ella no puede borrar, fue cuando tuvieron que ponerse el uniforme que les entregan en el centro de detención. “Al día siguiente nos quitaron la ropa y tuvimos que desvestirnos frente a todos. A varias de mis compañeras les dio vergüenza ponerse el uniforme de detenidas. Luego nos trasladaron a la celda y nos pusieron más tarde a limpiar los baños”.
Zaida estuvo detenida un mes y salió cuando sus amigos pagaron la fianza de 5 mil dólares. Dinero que aún debe. “Yo recuerdo que el abogado que nos pusieron me dijo que la fianza era de 20 mil dólares y en ese momento yo no sabía que hacer, porque era demasiado dinero”.
Hoy ella recuerda esto, pero aún sigue en el limbo, como las otras mujeres víctimas de la redada que portan el brazalete. “Estamos aquí esperando si nos deportan o no. Lo único bueno, ha sido que formamos el Comité de Solidaridad y Apoyo Mutuo” en el cual hemos trabajado para lograr reunir el apoyo de la comunidad y algún dinero con la venta de tamales y comida, además de los bailes de salsa. Estamos luchando para salir adelante”.
Como estas dos madres, las otras mujeres que no saben si serán detenidas, esperan la última palabra de las autoridades migratorias. “Somos promotoras de Derechos Humanos y estamos educando a las personas para que no pasen por lo mismo que nos ha tocado a nosotras. Es muy triste pasar por esto y sobre todo, que nuestros hijos vivan esta situación”.
El grupo está abierto a otras personas, que sean víctimas de las redadas o que enfrenten problemas relacionados con una deportación. “Está abierto para apoyar a las personas que tienen problemas como nosotras”.
Durante toda la semana, hubo diferentes actividades para recaudar fondos en favor de las víctimas de la redada. Una de las actividades a la que se está invitando es la presentación del documental “Sueños Congelados”, producido por Emiliana Aguilar, el 14 de junio, en James John Elementary School, 7439 N Charleston, Portland. Habrá dos funciones una a las 4.00 de la tarde y la otra a las 5.30 de la tarde. Los interesados en asistir pueden llamar al 503-230-9427.
El documental producido por Emiliana Aguilar recoge los testimonios y experiencias de las personas que fueron detenidas el 12 de junio de 2007, en la planta Del Monte y muestra los testimonios de estas personas que se quedaron sin nada.