
Los niños participan en todas las actividades culturales y recrean nuestras tradiciones.
Foto de El Centinela por Kim Nguyen.
Acabamos de celebrar el Día del Niño. Particularmente en México y en los Estados Unidos, esta fiesta toma sitio en el calendario el 30 de abril. En otros países de Latinoamérica la fiesta también se celebra para tomar conciencia de los derechos de nuestros niños y sobre todo, cómo preservarlos.
Cuando hablamos de los Derechos de los Niños, tenemos en cuenta el principal, que es el Derecho a la Vida, el cual toma gran importancia dentro de la iglesia católica. Pero también podríamos hablar del Derecho a la Identidad, el Derecho al Desarrollo, el Derecho a la Participación y uno de los principales, si tenemos en cuenta la situación de los inmigrantes, que sería el Derecho a ser Protegido.
Y es importante pensar en lo significa este último derecho, pues creo que tiene una relación directa con el Derecho a la Vida.
El Derecho a la Protección toma gran relevancia en el contexto de los inmigrantes hispanos, pues si se analizan las noticias que día a día se difunden en los medios de comunicación, una de las poblaciones más vulnerables a causa del tema de la reforma migratoria, es la de nuestros niños.
Los niños, que han llegado a este país, al lado de sus padres inmigrantes, para vivir la fuerte transición cultural que el cambio de cultura representa, muchas veces se sienten a un lado, por las condiciones que tienen que enfrentar.
Si vemos la realidad de la comunidad hispana, ellos llegan y entran en un sistema escolar foráneo, mientras sus padres trabajan arduas jornadas laborales para sostener la familia. El desarraigo cultural de estos menores es un choque que los enfrenta a esa nueva realidad de ser inmigrantes también en este país.
Y si se trata de familias sin un estatus migratorio, los niños son las primeras víctimas. Si vemos la realidad que plantea una redada o una deportación, los niños son los que sufren las consecuencias. Hace casi un año, precisamente en la ciudad de Portland, a causa de la redada en la empresa Del Monte, los niños fueron las víctimas, pues sus padres detenidos por las autoridades migratorias, no llegaron a casa. Hubo pequeños que permanecieron en el colegio sin que nadie llegara a recogerlos.
Este año, a raíz de los fuertes controles migratorios, se han deportado 440 menores indocumentados por Nuevo Laredo, en lo que va corrido de este año 2008. Se sabe por las informaciones del Centro de Atención de Menores Fronterizos dependiente del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), que durante el año 2006, fueron expulsados de este país 403 menores.
Las cifras muestran la crisis de esta población infantil que se encuentra en medio de una situación que no les compete directamente a ellos. Pues son sus padres quienes han emigrado en busca de un futuro y por la condición ilegal que viven, pues obviamente afectan a sus hijos con la falta de un estatus migratorio.
Por eso, el tema del Derecho a la Protección de los niños, en éste que es su mes, nos lleva a cuestionarnos cómo podemos realmente protegerlos. ¿Los estamos protegiendo? ¿Pensamos en ellos para garantizarles un presente, sin la incertidumbre del mañana?
Realmente el problema es complejo si se analiza que cuatro de cada 10 menores repatriados, llevaban viviendo por lo menos dos años en este país. Al ser deportados, obviamente se vive el desarraigo y de nuevo el choque que causa la transición del regreso a su país y un estilo de vida que ha quedado atrás.
Hay un caso particular en Oregón, del cual, El Centinela ha publicado varios artículos y es el de la familia de Luis Díaz deportada a Guatemala en octubre de 2006. Jennifer Díaz, la niña menor y la única nacida en los Estados Unidos, ha tenido que enfrentar la separación de su familia al lado de su padre. La niña de la noche a la mañana, se quedó sin mamá y sin hermanos. Se quedó sin la compañía de su madre, que es vital en este momento de su vida.
La niña Jennifer Díaz, es ejemplo de lo que le ha sucedido a cientos de niños hispanos en este país. Niños que se han quedado sin esa protección de la cual se habla, cuando se celebra esta fiesta del Día del Niño.
Origen
Si miramos el contexto histórico que dio origen a esta celebración, vemos que el Día del Niño se remonta al año de 1924, cuando la Liga de las Naciones, precursora de las Naciones Unidas, estableció que “la humanidad les debe a los niños lo mejor que tiene para ofrecer”. Desde entonces se convocó a la celebración internacional para honrar a los niños y a las niñas.
Posteriormente, en 1948, las Naciones Unidas aprobaron una segunda declaración de los Derechos del Niño. En 1959 la Asamblea General autorizó una tercera Declaración de estos Derechos, mucho más detallada que las anteriores, y en 1979, Año Internacional del Niño, el gobierno de Polonia propuso agregar a la Convención de 1959, diez puntos sobre la ejecución de la declaración.
Finalmente, en 1989, la Asamblea General de las Naciones Unidas, aprobó por unanimidad la Convención sobre los Derechos del Niño. El 2 de septiembre de 1990, el tratado entró en vigor con fuerza legal para todos los Estados que lo ratificaron.
Desde entonces son más de 100 países los que celebran el Día del Niño, a pesar de que la fecha estipulada varía de acuerdo al lugar. Por ejemplo, en Argentina es el segundo domingo de agosto; en México el 30 de abril; en Brasil el 10 de diciembre; en Chile el 3 de agosto; en Colombia el último sábado de abril; en Costa Rica, el 9 de septiembre; en Panamá, el 1o. de noviembre; en Paraguay el mes de agosto; en Uruguay, el 6 de enero y en Venezuela el tercer domingo de julio, entre otros.
En Oregón, este mes, se realizarán diversas actividades con el fin de celebrar el Día del Niño, con fecha oficial el 30 de abril en los Estados Unidos. La mayor parte de las actividades están encaminadas a la diversión y sobre todo, al aprendizaje. La Biblioteca del Condado de Multnomah lidera la campaña “A Leer en Familia”, con el fin de incentivar la alfabetización de nuestros niños en casa. Es importante reconocer el valor de la lectura y unirlo a esta celebración.
Vale la pena también reflexionar sobre la presencia de nuestros niños en cada actividad de la comunidad hispana. Ellos están acompañando a sus padres en las marchas de inmigrantes, también asisten con ellos a las actividades culturales.
Igualmente, se les vé como miembros de la familia católica, ya que siempre asisten con sus padres a las actividades de las parroquias. Ellos son actores principales e indispensables de nuestras celebraciones de fe.
Este mes, reflexionemos en la presencia vital de nuestros niños hispanos. Es hora de reconocer que están entre nosotros, para mostrarnos quienes llevarán en sus manos el futuro. Ojalá cada padre de familia, celebre el Día del Niño con sus hijos y sobre todo, reflexionen sobre la forma de preservar cada uno de sus derechos, sobre todo el de la vida.
Si protegemos a nuestros niños, estamos preservando nuestra cultura y sobre todo, protegiendo a esa personita que el día de mañana puede hacer el bien. Que el Día del Niño sea una celebración para festejar la presencia infantil en nuestra comunidad.
Que el Día del Niño se convierta en un espacio de reflexión, sobre los derechos de nuestros niños hispanos. Al reflexionar sobre sus derechos y pensar en protegerlos, podremos ser conscientes de la importancia de construir espacios de comunicación y convivencia en familia. Así quedará a un lado la violencia doméstica que también los afecta. Es hora de preservar la felicidad de nuestros niños cada día.