
Durante el mes de julio, la Congregación para la Doctrina de la Fe, en Roma, dio a conocer un documento sobre la naturaleza de la iglesia.
Algunos de nuestros periódicos locales han reportado una fuerte reacción a una declaración en particular, la cual afirma que las denominaciones no católicas “no pueden ser llamadas iglesias”.
A lo mejor ustedes han leído que algunos líderes protestantes ven la declaración como otro signo de que el Vaticano está “fuera de contacto”.
Los portavoces católicos han indicado su frustración y ven esto como un paso gigante hacia atrás en los diálogos y las relaciones ecuménicas.
Nuestro antiguo arzobispo, Cardenal William Levada, ahora lidera la Congregación para la Doctrina de la Fe en Roma, la cual
publicó el documento.
En una entrevista reciente él respondió algunas de las críticas anotando que la narrativa establece claramente que “fuera de la iglesia católica, los elementos de santidad y verdad no existen y que igualmente, el Espíritu Santo está trabajando en esas otras comunidades e iglesias”.
La sustancia del debate examina su historia en las enseñanzas del Concilio Vaticano II sobre la naturaleza de la iglesia.
Los padres del Concilio Vaticano II tenían que decir lo siguiente: “la única iglesia de Cristo es la que nuestro Salvador, luego de su resurrección, confió al cuidado pastoral de Pedro, comisionándolo a él y a otros apóstoles a extenderla y gobernar su iglesia, constituida y organizada como una sociedad en el mundo actual, la cual subsiste en la iglesia católica y es gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él”.
Posteriormente, los padres del Concilio en su pronunciamiento sobre el ecumenismo dijeron lo siguiente: “porque es a través de la iglesia católica de Cristo solamente, que es la ayuda universal para la salvación, que la plenitud del significado de la salvación puede ser obtenido. Ésto fue para el colegio apostólico solamente, del cual Pedro es la cabeza, que nosotros creemos que nuestro Señor encargó todas las bendiciones del Nuevo Testamento, con el fin de establecer en la tierra el solo Cuerpo de Cristo, dentro del cual todos aquellos deben ser totalmente incorporados quienes pertenecen de alguna manera a la gente de Dios”.
Teólogos y pastores continúan deliberando sobre el gran misterio de la iglesia, especialmente su marca esencial de unidad. ¿Puede cualquier iglesia afirmar que es la única iglesia de Cristo? La respuesta es “sí”.
La iglesia católica y romana lo hace. Nosotros profesamos esta creencia cada domingo cuando recitamos el Credo Niceno juntos.
Algunos de los católicos han perdido una conciencia de su auto-entendimiento como iglesia. El diálogo ecuménico nunca va a llegar a alguna parte a menos que nosotros entendamos lo que significa ser una iglesia de Cristo.
Nosotros tenemos mucho respeto y afecto por todos nuestros hermanos y hermanas quienes creen en Jesucristo como su Salvador. Pero también creemos en una sola iglesia. Esa iglesia es la nuestra propia. Es un tesoro que no ha sido parte de nuestra creación. Es un regalo de Dios.
El Centro del Padre Bernard
El Centro para Jóvenes del Padre Bernard en Monte Angel es una respuesta a la oración que muchos hemos elevado.
El centro está localizado en la zona aledaña del Monasterio de la Benedictina Reina de los Angeles, en Monte Angel.
El edificio está ubicado en un entorno ideal con cerca de 15.000 pies cuadrados de espacio de trabajo. La parte central es la Capilla de San Antonio. Alojamiento por la noche para personas en retiros y mentores, el cual puede ser encontrado en Marmion Hall, localizado al otro lado de la calle central.
Este centro tomó su nombre en honor del Padre Bernard, un nativo de Tillamook quien entró al Seminario de Monte Angel en 1935. Él fue ordenado como sacerdote durante la Segunda Guerra Mundial y sirvió durante 25 años como administrador de nuestro seminario y después durante otros 23 años como encargado de los huéspedes en la Casa de Huéspedes de la Abadía. Él siempre fue asociado por su labor encaminada a los jóvenes.
Todos peligros muy reales
En los meses recientes, algunos de mis hermanos obispos han llamado la atención sobre el peligro que representa la pornografía en el mundo de hoy. La forma como se ha intensificado este mal en los últimos tiempos es un asalto a la dignidad humana.
La pornografía consiste en usar actos sexuales reales o simulados de la intimidad de la pareja, con el fin de exponerlos deliberadamente a terceras personas.
Ésta es una ofensa contra la castidad, pues se pervierte el compromiso conyugal. Los participantes se convierten en objetos del placer y de ganancias ilícitas para otros. Las autoridades civiles están trabajando arduamente para prevenir la producción y la distribución de materiales pornográficos. Pero estos esfuerzos son mínimos en el mejor de los casos, y en gran parte inefectivos.
Vemos que en internet cada día hay 68 millones de centros de búsqueda solicitando sitios en la red de pornografía. Ésto es sólo el 25% de todas las búsquedas. Setenta por ciento de los hombres entre las edades de 18 a 24 años visitan sitios de pornografía cada mes. En promedio, los niños son expuestos por primera vez a la pornografía en la internet a la edad de 11 años.
Cada segundo $3.075.64 dólares son gastados en pornografía por usuarios de internet. En adición, más del 60 por ciento de los casos de divorcio están relacionados con hechos de adicción a la pornografía por parte de uno de los cónyuges.
El impresionante crecimiento de la industria de la pornografía es altamente debido al hecho que la cultura de hoy, que ya no tiene la castidad como parte de sus virtudes.
La búsqueda del Papa
Yo recibí una copia del primer libro del Papa Benedicto XVI escrito durante su tiempo como sucesor de San Pedro. En su vida anterior como Joseph Cardinal Ratzinger él había escrito muchos libros, documentos y artículos. Pero este trabajo es uno que él describe como “mi búsqueda personal del rostro del Señor”.
Él pide por la buena voluntad en la lectura del texto, con la esperanza de que éste nos guiará e inspirará en nuestra propia búsqueda del rostro del Señor.
Jesús de Nazaret es el primero del trabajo de los dos volúmenes que el Santo Padre espera completar. Este libro es una inspiración para los católicos de hoy que quieren encontrar el rostro de Jesucristo.