
El talento y la voz de Connie la han hecho un emblema latinoamericano.
Foto Archivo Personal.
Con su canto, Connie Bieberach elogia no sólo la riqueza cultural de América Latina sino que también celebra la vida, y desea enseñar a las nuevas generaciones el valor del idioma español.
La artista de origen peruano lanzará en los próximos meses su nuevo disco titulado: “Hola, hola corazón”, y se prepara para abrir una “peña” en Portland, es decir, un espacio en donde habrá espacio para las diferentes manifestaciones del arte latinoamericano como la música, el canto, y hasta la gastronomía, revela en entrevista con El Centinela.
“Yo quiero hacer una peña que esté abierta para la música latinoamericana, para mis amigos y para el público en general, porque quiero a través de mi música compartir ese calor, amistad, cariño y hospitalidad que tenemos los latinoamericanos”, dice.
Connie empezó a cantar cuando tenía 6 años. Su madre le decía “canta, canta, anda a cantar”. Ella recuerda que su mamá, -quien falleció hace un año-, era una mujer alegre y que el canto la hacía feliz. Es por ello que con su peña, Connie busca honrar la memoria de su madre, a quien Connie dice deberle todo lo que es, y de quien también heredó el gusto por la gastronomía peruana e internacional.
La artista detalla que las peñas surgieron y crecieron en la década de los 70s en Chile, Argentina, Uruguay y Paraguay, y que se extendieron hacia otros países de la región. El concepto es básicamente la improvisación músical, en donde se reúne mucho talento. Algunos famosos y otros no tanto, llegaban a cantar. Se puede escuchar desde el violín, la guitarra, la trompeta, la flauta, y por supuesto las voces, detalla la artista que también es profesora de español.
Connie se describe a sí misma como una embajadora de la música latinoamericana. En su trayectoria le ha cantado a más de una veintena de países de la región, y para demostrarlo, hace un alto en la entrevista, se pone de pie y canta: “La llorona”, una canción clásica del folklore mexicano, escrita por José Alfredo Jiménez.
Al cantar, sus ojos color miel billan y se pierden en el horizonte, ignorando a los clientes que entran y salen bulliciosos de la cafetería.
Su disco: “Hola, hola corazón”, el cual tiene como objetivo ayudar a niños y jóvenes a aprender el idioma de Cervantes, ya está terminado, sólo falta lanzarlo al mercado.
En él participó casi toda su familia. Las letras son inspiración de Marisol Rodríguez, una jóven peruana, y la música estuvo a cargo de su hijo Masud, un chico de 31 años que lo mismo toca con virtuosismo ritmos brasileños, andinos, rock, mariachi o tangos argentinos. La interpretación de los 13 temas es de Connie, la cantante peruana.
“Me preocupa que ahora las nuevas generaciones no se nutran de nuestro folklore. Yo básicamente a través del español enseño música latinoamericana a mis niños, porque no quisiera que eso se perdiera. Yo quisiera ver en las escuelas que los niños forman grupos de mariachi, de música andina, brasileña, que podamos seguir difundiendo, y que los padres inculquen a sus hijos y preserven en ellos el interés y el amor por el folklore latinoamericano”, dijo a El Centinela.
Ella considera que es una responsabilidad de los padres inmigrantes que viven en los Estados Unidos infundir a sus hijos la cultura de sus países de origen. A su hijo, comenta, desde muy pequeño le infundió el amor por la música de América Latina, pues para ella es un “gran orgullo ser peruana y latinoamericana”.
Recuerda que su hijo llegó a los 11 años a los Estados Unidos, es decir, lleva más de la mitad de su vida fuera del Perú, pero no ha dejado en ningún momento de ser peruano. Masud ha aprendido todo el repertorio musical latinoamericano posible, gracias al interés de su madre.
“Yo amo el folklore porque yo amo a la gente, y por lo tanto el folklore es básicamente la expresión de todos nosotros, de nuestro sentir, pensar, de la belleza que puede haber en las palabras”, enfatiza.
La cantante viajó a los Estados Unidos por primera vez a los 16 años, invitada por la familia de su padre, y se quedó a estudiar.
En ese tiempo conoció a un chico persa que se enamoró de ella. Cuando Connie decidió regresar a su natal Lima, la capital de Perú, él fue a buscarla. El romance terminó en matrimonio, y de ahí nacieron sus dos hijos: Masud, quien siguió el camino de la música, y Tolu, su hija de 28 años, quien prefirió mantenerse alejada de los reflectores y la vida artística.
En 1987 regresó a California, para reencontrarse con el padre de sus hijos, sin embargo las cosas no funcionaron como ella esperaba, por lo que se separó y decidió emigrar a Oregón, en donde vive hasta la fecha.
Connie vuelve a enamorarse y se casa con Mariano Obregoso, un guitarrista de orígen peruano, y pariente lejano del conquistador español, Hernán Cortéz.
Antes de despedirse, la cantante dice que para ella la vida es una celebración. “Yo todos los días celebro la vida, más que la vida, cada momento, porque tú no sabes qué es lo que va a pasar luego. El ahora es lo único que tenemos, por lo tanto hay que atesorarlo, gozarlo porque en un ciclo de vida tan corto no vale la pena perder el tiempo”.
Si usted está interesado en escuchar de cerca el canto de Connie mientras inaugura su propio espacio, puede ir al restaurante Azteca de Lake Oswego los domingos a las 7.00 de la noche y asistir a la velada de música fabulosa que ella presenta con su grupo.
También la artista dará un paseo musical por Latinoamérica los miércoles de 7.00 a 10.00 de la noche, en Billy Bang’s ubicado en 5331 SW Macadam Avenida, en el John’s Landing Water Tower. Los interesados en asistir pueden hacer sus reservaciones llamando al teléfono (503) 227-4663.
El show se llama Connie Bieberach & Armonía Latina, con Mariano de Orbegoso. O si por otra parte quiere enviarle un correo electrónico puede hacerlo a: connie_bieberach@msn. com