
Queridos Lectores:
Estamos en la época de Navidad, que es indudablemente la época para compartir. Y cuando digo compartir no me estoy refiriendo para nada, a los regalos.
Muchos dirán, ¿pero entonces a qué se refiere esta columna? Y con gusto puedo explicarles que se trata de compartir quiénes somos en realidad.
Si estamos en el trabajo, nada mejor que compartir con nuestros compañeros. Puede ser una palabra amable, un reconocimiento al otro. Muchas veces estamos todo el día con estas personas y no hemos tomado un momento para reconocer lo que estas personas nos dan. Aunque no se trata de las cosas materiales tampoco. Pueder ser de la ayuda que recibimos. O de una sonrisa. O de los buenos deseos en los momentos en que nos despedimos día a día, antes de ir a casa.
En otro espacio, que es el de la familia, compartir en Navidad tiene un gran significado también. En el caso de los padres, la forma de hacerlo sería apagando el televisor, para sentarnos en la sala a compartir nuestras experiencias de este año. Se trata de crear un espacio para conversar unos con otros. Y por qué no, para reconocer lo bueno que tenemos. Tanto de los padres hacia sus hijos, como de los hijos hacia los padres. Muchas veces la vida se nos pasa y no lo hacemos. Creo que esta Navidad es un momento para empezar a hacerlo. Ese momento de charla que hemos perdido por las ocupaciones del tiempo, puede llegar cada noche al hogar a la hora de la comida y en Navidad, nada mejor que bajar el volumen del radio y apagar el televisor, para dar paso a la conversación en familia y rescatar esa parte que dejamos a un lado.
Abramos nuestros corazones con la misma emoción e interés que abrimos cada año los regalos. Si compartimos con otros, estaremos dando el regalo verdadero. El regalo de entregarnos unos a otros.
¡Felíz Navidad!