Edición Impresa: 07/21/2009

Hay que superar las divisiones en El Salvador

El presidente de El Salvador, Mauricio Funes Cartagena cuando ganó las elecciones.
Foto del Servicio Católico de Noticias.

SAN SALVADOR.- Un periodista de trayectoria, profesionalmente crítico del sistema que gobierna a su país, con amplia tendencia socialista, que llega al poder de la mano de la agrupación que firmó la paz con todos los sectores de la sociedad, es el nuevo jefe de Estado de El Salvador, el pequeño país centroamericano que, en medio de tantas vicisitudes, está empeñado en salir adelante a pesar de las aulagas que puedan existir ahora y en el inmediato futuro.
Próximo a cumplir los 50 años de edad, Mauricio Funes Cartagena, es desde el primero de junio pasado, el nuevo presidente de El Salvador, tras derrotar limpia e inobjetablemente al candidato del partido de gobierno que estuvo al frente de la nación durante los últimos tres períodos, más conocido como la Alianza Republicana Nacional (ARENA), luego de firmarse la paz en 1992 entre todos los integrantes de la sociedad de su país.
Ganador con el apoyo del sector izquierdista del ‘’Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN)’’, guerrilla armada que desde cuando hizo tránsito a ser partido político ha luchado por el poder, intenta ahora encontrar la mejor vía para cambiar política y socialmente a la Nación, a través de Funes Cartagena, quien si bien nunca empuñó las armas, su pensamiento, su ideología y su manera de actuar, lo elevan a la categoría de un dirigente de izquierda con todas las de la ley.
Hijo del contador Roberto y de la secretaria María Mirna, el nuevo jefe de gobierno salvadoreño es un hombre educado en sus comienzos por sacerdotes jesuitas a través de los colegios Centroamérica y Externado José en cuyas aulas más tarde fue profesor, tras graduarse de Licenciado en Letras, con una especialidad en Medios de Comunicación, título que le otorgó la Universidad “José Simeón Cañas’’.
Durante su trayectoria como periodista, Funes Cartagena ha sido considerado un profesional íntegro, con sinónimo de credibilidad, respeto y con mucho carisma, por lo que desde cuando aceptó su postulación para aspirar al primer cargo de su nación, se le atribuyeron condiciones suficientes para que la izquierda, por primera vez en la historia de este país, llegara a asumir el poder, como efectivamente ha ocurrido.
Pese a que sus primeras decisiones en materia económica aplicando un severo plan de austeridad, del concurso de méritos para los funcionarios de mayor envergadura, han sido bien recibidos por todos los sectores de su Nación, la verdad es que Funes Cartagena no cuenta con el número mayoritario del Congreso de la República, para encontrar la vía expedita que le permita desarrollar a plenitud las propuestas de Gobierno que tenga a bien presentar a consideración del Órgano Legislativo, en donde ARENA y los otros partidos minoritarios que acrecientan el número de parlamentarios opositores, no le ofrecerán unas salidas rápidas y oportunas a todas sus propuestas.
En sus primeros contactos con quienes fueron antiguos sus colegas de profesión, el nuevo mandatario izquierdista de los salvadoreños, ha mostrado coherencia en sus puntos de vista, manejo integral frente a los medios de comunicación, pero ha tenido que cambiar su estilo en sus pronunciamientos públicos, pues quien arengaba hace muy pocos días para “impedir el golpe de Estado que impida nuestra llegada al poder’’, es ahora el encargado de demostrar que todos sus propósitos, en un país en donde hay muchas cosas por hacer y por rehacer, “tiene a un mandatario que lo puede conseguir con su voluntad’’, tal como lo ha expresado más de un columnista de prensa en su propia Nación.
Todos los salvadoreños recuerdan ahora cómo los líderes y parlamentarios del FMLN brillaron por su ausencia durante la toma de posesión del presidente Tony Saca, el último en obtener el favoritismo democrático en las urnas por el partido ARENA, incluyendo, además, la organización de marchas a través de las cuales denunciaban supuestos fraudes en los comicios presidenciales de esa jornada presidencial. Pero en cambio, en bien de la democracia salvadoreña, tan débil e inestable como todavía se encuentra, se pudo constatar la asistencia masiva de los dirigentes de ARENA y los otros líderes ahora de la oposición de Funes Cartagena, como lo son los integrantes de los grupos partidistas del PCN y del PDC, así como la de todos los ex mandatarios salvadoreños que gobernaron consecutivamente en 1994, 1999 y 2004, hasta la fecha de la entrega del mandato en este primero de junio de 2009, sin que el nuevo presidente reconociera públicamente el hecho, y mucho menos, que el “fraude’’ que tanto invocó en su contra durante las jornadas electorales, se hubiese convertido en realidad.
“En la visión de la historia y de la lucha permanente de clases en El Salvador, los Acuerdos de Paz sólo cambiaron las formas de esta confrontación, porque ya no son bélicos. Pero dentro de ambos campos que terminaron la guerra firmando la paz había (y sigue habiendo) otra visión muy diferente: Los Acuerdos de Paz son el compromiso de comenzar en serio a construir conjuntamente la paz, la justicia y la democracia’’, apuntan los medios de prensa de la nación centroamericana.
“Cualquier intento de refundación, de llevar al país a nuevas épocas, de declarar cerrado los ciclos, si no es mediante la concertación entre todos los sectores, no puede producir acuerdos nacionales, sino más confrontación’’, sostienen los medios de comunicación con relación a los últimos pronunciamientos de Funes Cartagena, quien ya ha empezado a señalar que “está en marcha la reconstrucción de la República’’, aun cuando evoca también voces de cordura como el llamado a la “unidad nacional’’ y pidiendo “la reconciliación del país’’.
Sin embargo, durante su discurso de posesión tuvo el infortunado desliz de expresar entre líneas la posible justificación para suspender el acuerdo de paz firmado en 1992, la base de democracia y de los votos que lo ungieron como presidente de El Salvador, agregando que él está convencido que la democracia apenas comienza con su Gobierno, con su partido en el poder.
Ojalá que dentro de cinco años, cuando le corresponda hacer entrega de su mandato, haya cumplido la mínima parte de lo ofrecido a sus electores, que adicionalmente ceda la sella presidencial y su partido político, acepte la derrota en las urnas y no haya más derramamiento de sangre en el pequeño país centroamericano, sea quien sea el ganador de esos comicios, como lo acaba de hacer el partido ARENA, el mayoritario de siempre en El Salvador.

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