Edición Impresa: 05/12/2009

Reflexiones sobre el Ministerio Laico Eclesiástico

Mis raíces se remontan a Bohemia del sur, donde san Juan Nepomuceno ha sido un patrón especial desde hace mucho tiempo. Mis padres crecieron en una parroquia de Chicago que lleva su nombre en honor a este sacerdote santo. San Juan nació en Nepomuk en 1340 y murió 50 años después. Wenceslau IV era el Rey de Bohemia. Juan se había hecho diputado ante el Arzobispo de Praga, pero desacuerdos frecuentes entre el Rey y el Arzobispo condujeron eventualmente al martirio de Juan.
En la República Checa, san Juan es sumamente reverenciado y de la misma forma en que san Patricio lo es en Irlanda. San Juan frecuentemente es representado en el arte con vestimenta sacerdotal, llevando una cruz con una palma de martirios. Se puede ver siempre un ángel de pie a su lado.
Estatuas de san Juan Nepomuceno han sido erigidas en puentes de varios países. Esta es una forma de recordar en el ministerio pastoral, que somos como san Juan y necesitamos construir puentes cuando la controversia se presenta. Nuestra tarea es unir y tal unidad sólo puede venir después de que nosotros mismos hemos estado debilitados, física o verbalmente.
En un viaje reciente pude meditar sobre un hombre que fue beatificado por el papa Juan Pablo II en 1904: es el beato emperador Carlos de Austria, a menudo descrito como “Príncipe de Paz para una Europa Unida”. Carlos nació en 1887. El emperador Francisco José fue su tío abuelo. Carlos creció bastante consciente como católico y con gran devoción a la Bendita Eucaristía y la Madre de Jesús. En 1911 se casó con la princesa Zita de Borbón, y en 10 años de vida matrimonial fueron bendecidos con ocho niños. Cuando el archiduque Francisco Fernando fue asesinado en Sarajevo en 1914, Carlos se hizo heredero del trono imperial de Austria-Hungría.
Después de la muerte del emperador Francisco José y en medio de la Primera Guerra Mundial, Carlos llegó a ser Emperador de Austria. También fue coronado Rey Apostólico de Hungría. Vio esta herencia como una vocación personal que Dios le había dado.
El final de la vida no fue nada fácil para el beato Carlos. Después de la guerra fue desacreditado personalmente por muchos que buscaban un final de los antiguos hábitos imperiales para una forma de gobierno más democrática. Él y su esposa fueron exiliados a Madeira, junto con sus hijos. Murió en 1922 con su mirada fija en el Santísimo Sacramento.
Dijo en su lecho de muerte: “Mis esfuerzos enteros siempre fueron para reconocer y seguir la voluntad de Dios lo más claro posible aun en toda su plenitud”. Él es un modelo digno de los que sufren injustamente y se hacen instrumentos de indecibles bendiciones para los demás.
Compañeros en la viña
Al final del mes pasado, la Arquidiócesis de Portland fue la sede de su bianual Conferencia del Ministerio Pastoral. En el pasado 300 personas han reunido docenas de parroquias para el apoyo mutuo, la educación y la oración. Siempre es un privilegio celebrar la Eucaristía en esta reunión y animar a toda esta gente a que les apoyen en su vida como católicos.
Los presentadores este año fueron el padre paulista John Hurley, director del Centro Nacional de Vida Pastoral, y Mark Mogilka, director de Administración y Servicios Pastorales para la diócesis de Green Bay, (Wisc). Nosotros los participantes fuimos invitados a considerar el tema para nuestras comunidades parroquiales, el papel del concilio pastoral y la misión del párroco, y los elementos clave para tener planes pastorales exitosos.
En el pasado, el ministerio pastoral en nuestras comunidades parroquiales estuvo en manos del clero y los religiosos.
Cuando los católicos observaron la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones esta primavera, el propósito principal fue apoyar a los que tienen la responsabilidad de fomentar las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada y también destacar a las vocaciones del párroco y la diócesis.
“Ministerio laico eclesiástico” es un término genérico para diversas posiciones de personas no ordenadas que se dedican al liderazgo público en el ministerio de la iglesia. Los ministros laicos eclesiásticos están en todas partes en esta Arquidiócesis y hacen una contribución significativa a la hora de ayudar a los feligreses a llevar una vida católica y cumplir con sus responsabilidades como discípulos en misión”.
Llamamos “eclesial” a este ministerio, porque toma lugar dentro de la comunidad de la iglesia. Sirve tanto a la comunión como a la misión de la iglesia y es presentado al discernimiento, autorización y supervisión del obispo local. Describimos a este servicio como “ministerio” porque es el trabajo por medio del cual los cristianos participan del ministerio de Cristo.
Los diáconos no son ministros laicos porque no están ordenados. Pero los hermanos religiosos pueden y sí hacen ministerio laico eclesiástico. Cuando los religiosos participan en el cuidado pastoral del párroco lo hacen por su propio título, según el carácter de su instituto. Su ejercicio en el ministerio de la iglesia está imbuido de la gracia de su consagración. Ellos y los ordenados trabajan junto con los Ministerios Laicos Eclesiásticos para cumplir con la misión de la iglesia.
En medio del escándalo terrible del abuso sexual dentro de nuestra propia comunidad de la iglesia, particularmente los crímenes perpetrados por algunos de nuestros propios sacerdotes y religiosos, un arco iris de esperanza apareció después de la tormenta. Las comunidades católicas, bajo el liderazgo de sus pastores, se comprometieron a hacer todo lo que pudieran para proteger los niños del daño causado por tal abuso. Por toda la nación programas de entorno seguro han sido establecidos para ayudar a los trabajadores de la iglesia que están involucrados en el ministerio juvenil.
Desafortunadamente, algunos todavía no están seguros de lo que es apropiado para la participación de la iglesia en programas que enseñan a los jóvenes cómo estar seguros. Algunos se quejan de que estamos haciendo más daño que ayudando. Pero los expertos y miembros del Consejo Nacional de nuestra iglesia no están de acuerdo.
Proteger a nuestros niños
Abril fue destinado en todo el mundo como el Mes de Conciencia contra el Abuso Infantil. Su propósito es seguir nuestros esfuerzos para educar a los católicos sobre cómo el abuso daña a los niños y qué está haciendo la iglesia para evitarlo. El abuso sexual de menores es un problema grave y extendido, no sólo en la iglesia, sino en la sociedad en general.
Hubo 905.000 víctimas reportadas de abuso infantil sólo en 2006. Muchas personas han aprendido dolorosamente que el abuso puede dañar el espíritu del niño y cambiar la esencia fundamental de esa persona. Como católicos estamos comprometidos a proteger la vida humana y respetar la dignidad de cada ser humano.
Esta es una enseñanza constante de las Sagradas Escrituras. Cuando trabajamos juntos para prevenir el abuso infantil estamos haciendo exactamente lo que se espera de nosotros como iglesia. Nuestro compromiso es evitar que el abuso sexual de menores suceda nuevamente dentro de nuestra iglesia.
Aniversario
El mes pasado los católicos de todo el mundo celebraron el cuarto aniversario de la elección del Papa Benedicto XVI como sucesor de san Pedro y Obispo de Roma.
En el día de Navidad, 2005, emitió su primera carta encíclica, Deus Caritas Est, God Is Love (Dios es amor). En esa carta nos recordó queSan Agustín dijo hace mucho tiempo:“Ves la trinidad si ves el amor”.
El Santo Padre nos recordó cómo a principios de la iglesia los creyentes mantuvieron todas las cosas en común y no distinguieron entre ricos y pobres. Como los tiempos cambiaron, asímismo cambió esta forma radical de comunión material. Pero San Agustín dijo que los discípulos de Jesús entendían que “nunca habrá espacio para una pobreza que niega a cualquier persona lo que se necesita para una vida digna”. No estoy seguro de que todos crean eso hoy, pero nosotros los católicos ciertamente sí creemos. ¿Estamos a la altura de nuestra creencia? Esa es una pregunta para cada uno de ustedes.

AddThis Social Bookmark Button