Edición Impresa: 08/17/2004

Quince Años: Una oportunidad para celebrar la vida

Hoy más que nunca los líderes pastorales de las parroquias se están esforzando por encontrar métodos eficaces para llegar hasta los jóvenes de nuestras comunidades de fe. Las investigaciones del pasado y, aun las más recientes, revelan estadísticas desilusionantes. Aunque sus padres se esfuerzan por transmitirles la fe católica y los valores cristianos, la mayoría de los jóvenes, entre los 14 y 18 años, no están recibiendo instrucción catequética. Sin embargo, con la celebración de los quince años de un(a) joven, la creatividad nos abre la puerta para llegar a muchos jóvenes que no están participando en la vida de la Iglesia. Podemos invitarlos y prepararlos adecuadamente para celebrar sus quince años de una manera profunda y significativa.

Será una experiencia inolvidable preparar a los jóvenes que, con sus familias y compañeros de fe buscan una celebración verdaderamente significativa [es preferible llamar a las damas y chambelanes “compañeros(as) de fe”]. En un ambiente festivo, en las parroquias y catedrales se han reunido jóvenes de diversas culturas, acompañados por sus padres, familiares y amistades, para celebrar este gran acontecimiento en la vida familiar. Desde luego, celebrar la Eucaristía es una parte esencial de la celebración de los quince años.

Esta tradición tiene sus raíces en los ritos de pubertad de los indígenas. Cuando los misioneros españoles llegaron a México en los 1500s, descubrieron que los Aztecas y los Mayas practicaban algunas tradiciones de profundo significado. La vida para los indígenas era sagrada; su vida entera giraba alrededor de sus dioses, templos y actividades religiosas. Para recibir el favor de sus dioses, ritualizaban cada etapa importante de la vida desde el nacimiento hasta la muerte. Por ejemplo, había una ceremonia con los ritos de iniciación en la pubertad, cuyo propósito principal era separar al hijo(a) de la madre e introducirlo(la) a lo sagrado, e iniciarlo(la) en la vida de servicio a la comunidad. Los elementos de esas ceremonias variaban, según el grupo étnico (Catechist, marzo 1989).

Separar al hijo(a) de la madre era una parte notable del proceso de iniciación. Se debía principalmente al hecho de que los hombres y las mujeres tenían funciones claramente definidas. Mientras la madre pasaba más tiempo haciendo el quehacer diario y cuidando a los hijos, el padre se dedicaba más a los oficios de guerrero, cazador y protector. Por eso, la madre establecía una relación fuerte con los hijos. A la edad de la pubertad, separaban a los hijos de la madre y los ponían al cuidado de los ancianos(as), quienes los introducían a la vida sagrada de sus antepasados y los preparaban para la vida adulta. En una ceremonia, los hijos e hijas eran iniciados en las funciones de servicio a la comunidad.

En diálogo familiar

Durante la preparación de los jóvenes es esencial involucrar a sus familias. En las conversaciones con los familiares, surgen todo tipo de situaciones acerca de las relaciones personales dentro de la familia, algunas son muy difíciles y dolorosas. Aunque es un riesgo dejar que personas ajenas se inmiscuyan en los asuntos familiares, los miembros de la familia son muy honestos acerca de quiénes son y qué es lo que tienen que hacer para celebrar sin excluir a ningún miembro de la familia.

Al terminar la preparación, la mayoría de las familias se sienten preparadas para celebrar el acontecimiento en un ambiente religioso. Otras familias deciden posponer la celebración para atender los asuntos que necesitan reconciliación entre algunos miembros.

Mientras atendemos las necesidades pastorales de las familias, damos atención a las preocupaciones expresadas por algunos miembros del clero. Para tratar las áreas problemáticas de la tradición y descubrir métodos eficaces para la evangelización de la juventud y sus familias, seis sacerdotes, algunos en pro y otros en contra de la tradición, fueron invitados a una reunión. Varios aspectos se tomaron en cuenta.

*La primera objeción surge por el dinero que se gasta para celebrar el acontecimiento.

*La segunda, porque la celebración es muy parecida a una boda.

*La tercera, porque mucho antes de que las familias vayan a la iglesia para arreglar una Misa, ya han pagado grandes cantidades de dinero para reservar un salón y han contratado una orquesta para la fiesta. Estos arreglos hechos de antemano y el uso de vehículos de lujo para el transporte a la iglesia y al salón social han dejado en claro que la familia da demasiada atención a la dimensión social de la fiesta. Se dedujo que la dimensión espiritual no era importante; por eso, no tenía sentido tener una Misa.

Otro de los aspectos negativos dialogados fue el hecho de que las familias no saben el significado de la tradición, no están registradas en la parroquia ni van a la iglesia con frecuencia; los jóvenes no están registrados ni participan en las instrucciones catequéticas de la parroquia.

A pesar de la fuerte controversia, se hizo un esfuerzo por encontrar la forma creativa para responder a las posibilidades espirituales de esta tradición cultural tan popular.

En comparación con los aspectos negativos, se notaron muchos elementos positivos inherentes a la tradición. Entre los elementos más importantes surgieron los siguientes:

* Evangelizar a la juventud y a sus familias.

* Construir el cuerpo de Cristo.

* Respetar las tradiciones culturales del pueblo.

* Dar la bienvenida al pueblo a la vida sacramental de la Iglesia.

* Reconocer y afirmar a la gente joven durante una etapa muy difícil de sus vidas.

* Reconocer y celebrar la belleza y la riqueza de la diversidad cultural de la iglesia.

* Dar a la gente joven de todos los grupos étnicos oportunidades para servir a la comunidad.

* Crear oportunidades para que la gente joven esté en un ambiente saludable y seguro.

* Desafiar a los líderes pastorales a ser mentores de fe, utilizando con creatividad los recursos a su alcance.

Cuando todo se dijo e hizo en esta reunión productiva con los sacerdotes, el consenso fue que, aunque la dimensión controversial prevalece, los elementos positivos son más que los negativos.

La respuesta pastoral

La respuesta pastoral a esta tradición sigue extendiéndose por toda la nación. Da mucho ánimo saber que hay muchas parroquias y diócesis que han formulado guías para la preparación y la celebración de los quince años. Entre las mejores guías que existen están las que formuló la Diócesis de Galveston-Houston, después de un intenso estudio del significado cultural de la tradición y su potencial para la evangelización. Tienen un tono muy pastoral y hacen hincapié en las posibilidades de ayudar a los jóvenes y a sus familias a acercarse al Señor.

Los jóvenes y sus familias merecen el mejor tratamiento cuando se acercan a nosotros para hablar de la celebración de los quince años. Estamos conscientes que es nuestro privilegio prepararlos de tal modo que puedan participar en la vida sacramental de la iglesia.

La meta principal de la catequesis es la participación plena, consciente y activa en la Eucaristía. Por medio de una diversidad de actividades y retiros parroquiales y diocesanos los jóvenes son preparados para que alcancen esta meta.
La preparación, con énfasis en el fortalecimiento de su autoestima, incluye una breve historia de la tradición y su significado como rito de paso de la adolescencia a la juventud. Reflexionan por qué es importante celebrar la tradición y, sobre todo, por qué ellos desean celebrarla. Reconocen que la celebración varía de familia a familia. Dialogan acerca de sus funciones y relaciones personales dentro de la familia.

Gran parte de la preparación se dedica a reflexionar sobre el don de la sexualidad.

Los jóvenes son desafiados a que acepten sus vidas como un don de Dios y que respeten sus cuerpos como algo sagrado. Reflexionan sobre el sentido de los sacramentos de iniciación. Se les anima a que se confiesen antes de la celebración para que puedan participar plenamente en la Misa recibiendo la sagrada Comunión. Son desafiados a que desarrollen saludables actitudes y hábitos cristianos acerca de la castidad y que miren hacia el futuro antes de adquirir compromisos de gran impacto en su vida. Se les presenta la posibilidad de que Dios los estaría llamando a servir por medio del sacerdocio, la vida consagrada, el matrimonio o la vida soltera. Una vez preparados, los jóvenes están profundamente conscientes de la presencia de Dios en sus vidas y consideran sus vidas como un don de Dios.

El esquema de la celebración

En compañía de sus padres, familias, padrinos y compañeros de fe, están listos para celebrar sus quince años de un modo significativo. Para la celebración, se escoge una de las siguientes opciones:

I. Misa celebrada con sus familias y amistades en la fecha más cercana a su cumpleaños.

II. Misa para todos los jóvenes de quince años de la parroquia auspiciada por la parroquia.

III. Misa para todos los quinceañeros de la diócesis con el obispo como celebrante principal, auspiciada por una oficina diocesana apropiada.

El libro “Quinceañera: Celebración de la Vida, Guía para los que presiden el Rito Religioso” [preparado por un equipo de peritos y publicado por el Centro Cultural México Americano (MACC)], presenta varias opciones para la celebración de los quince años. El extenso material fue publicado para auxiliar a los sacerdotes, diáconos, catequistas, liturgistas y líderes de la oración, brindándoles opciones para guiar a la comunidad de fe en la celebración del don de la vida de la joven. La publicación presenta las opciones siguientes:

I. Celebración de los Quince Años durante la Misa (comunitaria en domingo u otro día de la semana).

II. Celebración de los Quince Años durante una Misa de Acción de Gracias (especial para una persona o un grupo).

III. Celebración de los Quince Años durante una Liturgia de la Palabra.

IV. Celebración de los Quince Años fuera de la Misa (en la Iglesia, en casa, en una reunión de una pequeña comunidad cristiana o en otro lugar apropiado).

A. Rito de Bendición durante el día.

B. Rito Breve de Bendición (por los Padres).

C. Rito de Bendición al atardecer.

El libro “Quinceañera: Celebración de la Vida” también incluye una introducción para la Celebración de los Quince Años que hace hincapié en la dimensión antropológica y teológica y en muchos otros aspectos de la celebración.
La información que proporciona es verdaderamente extensa: brinda notas sobre la necesidad pastoral, el llamado especial a la pastoral juvenil, opciones pastorales, principios para el ministerio, sugerencias pastorales, oraciones alternativas, recursos, notas de referencia, un ejemplo de las normas diocesanas más comunes y un ejemplo de una homilía.
Preparativos para una Celebración de los Quince Años

Para asegurarse de que se hagan los preparativos adecuados con bastante anticipación, consideren lo siguiente:

* Elijan a las personas que participarán en las varias partes de la Misa, especialmente para las partes que requieren ensayo; por ejemplo, para la primera y segunda lectura, el salmo responsorial, el verso del Aleluya y las oraciones de los fieles.

* Informen a los jóvenes, sus familias y compañeros(as) de fe sobre el lugar que les corresponde en la procesión de entrada.

* Reserven asientos para los jóvenes, sus familias y compañeros(as) de fe.

* Arreglen una mesa en un lugar prominente del santuario donde se colocarán los símbolos que se presentarán al comenzar la Misa.

* Preparen un florero ante el altar de María en el cual los jóvenes acompañados por sus padres ofrecerán una rosa después de la Comunión.

Algunas de las acciones que se mencionan a continuación pueden cambiar de orden según la costumbre local. Es necesario estudiar bien las opciones que presenta el libro Quinceañera: Celebración de la Vida para elegir la opción más indicada para su comunidad o diócesis.

Procesión de Entrada

Estar en la procesión es un honor para los jóvenes, sus familias y compañeros(as) de fe. El orden de la procesión es el siguiente: el portador de la cruz; los portadores de velas; los compañeros(as) de fe; el lector con el Libro de los Evangelios; los quinceañeros(as) acompañados por sus padres o tutores; y el celebrante.

Asientos reservados

La persona encargada de preparar la celebración reserva los asientos para los quinceañeros(as), sus familiares y compañeros de fe.

Presentación de los Símbolos

Después de que todos en la procesión hayan ocupado sus lugares, se le pide a la asamblea que se siente. Una persona lee el significado de cada símbolo mientras otra persona lo lleva y lo coloca en la mesa en el santuario.
Los símbolos se presentan en el siguiente orden:

Acta de Nacimiento, símbolo del agradecimiento a Dios y a sus padres por el don de la vida. Si usted está interesado en el libro, puede comunicarse con el 1800-5488749.

*Artículo publicado en Liturgia y Canción, junio-septiembre 2004, OCP Publications. Derechos Reservados. La autora, hermana Ángela Erevia, es religiosa de la Congregación de Misioneras Catequistas de la Divina Providencia y Directora de la Oficina del Ministerio Hispano de la Arquidiócesis de Omaha.

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