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Inicio : Comunidad y Fe : Columna Arzobispo Alexander K. Sample 24 de Septiembre de 2017

22 de Septiembre de 2016 4:33:00 PM
Padres de Familia: ¡Escuchen!

Arzobispo Alexander K. Sample


Recientemente, bauticé a mi propia sobrina-nieta. Fue una ocasión de gran gozo para mi familia y para mí. En el curso de 26 años de sacerdote, he celebrado muchos bautizos, pero en esta ocasión, durante la ceremonia, hubo palabras del rito que sentí resonar con más fuerza. Quizá esas palabras cobraron mayor importancia porque se las estaba diciendo a mi propia sobrina y a su esposo. 

Las instrucciones a que me refiero tienen que ver con la responsabilidad que tienen los padres hacia sus hijos, mientras los presentan a ser bautizados. Estas instrucciones van muy en serio, y me gustaría que los padres de familia las escucharan de nuevo, sobre todo si ellos todavía tienen hijos en casa.

“Ustedes, papás que piden el Bautismo para su hijo(a), deben darse cuenta de que contraen la obligación de educarlo(a) en la fe, para que, guardando los mandamientos divinos, amen a Dios y a su prójimo, como Cristo nos enseñó. ¿Se dan cuenta de la obligacion que contraen?” 

“En el sacramento del Bautismo, el amor de Dios va a infundir, por el agua y el Espíritu Santo, la vida nueva en estos niños, que ustedes han presentado a la Iglesia. Procuren educarlos de tal modo en la fe, que esa vida divina se vea preservada del pecado y pueda desarrollarse en ellos de día en día” (Ritual del Bautismo de Niños). 

Ustedes respondieron a la primera pregunta: “Sí”; y a la segunda instrucción, ustedes dieron su consentimiento al renovar sus promesas bautismales. Este es un gran privilegio que trae consigo una gran responsabilidad. Estas declaraciones hacen eco a lo que la Iglesia cree con firmeza sobre los derechos y responsabilidades de los padres y educadores de sus hijos, especialente en lo relacionado con la fe. En la Declaración sobre la Educación Cristiana, emitida por el Concilio Vaticano II, leemos: 

“Puesto que los padres han dado la vida a los hijos, están gravemente obligados a la educación de la prole y, por tanto, ellos son los primeros y principales educadores. Este deber de la educación familiar es de tanta trascendencia que, cuando falta, difícilmente puede suplirse. Es, pues, obligación de los padres formar un ambiente familiar animado por el amor, por la piedad hacia Dios y hacia los hombres, que favorezca la educación íntegra personal y social de los hijos” (n. 3). 

Estoy admirado de ver que los padres toman con mucha seriedad la responsabilidad que Dios les ha dado. Algunos padres de familia han hecho que la formación y educación de sus hijos en la fe sea la prioridad más importante de sus vidas. He notado que esto es especialmente verdadero entre aquellos padres que forman y educan a sus hijos, siguiendo el programa educativo en casa. 

Otros padres confían la educación de sus hijos a una o dos escuelas católicas. Ese es un gran sacrificio para ellos, y rezo por un mejor esfuerzo, para que las escuelas católicas sean todo lo que deben ser, como instituciones firmes en la identidad católica y en la enseñanza de la plenitud de la fe. 

Finalmente, muchos padres ponen su confianza en la formación de la fe y en programas de catequesis de la parroquia para instruir a sus hijos. Nosotros estaremos trabajando arduamente para hacer que estos programas reúnan fundamentos sólidos para la transmisión de la fe, que realizan los fieles. Y haremos más para proporcionar formación adecuada para los catequistas que transmiten la fe de la Iglesia. 

Pero para aquellos padres de familia que optan por utilizar nuestras escuelas católicas o los programas parroquiales de formación de la fe, debemos enfatizar que estos no sustituyen el cumplimiento de la gran responsabilidad que los padres han aceptado al hacerse padres y al bautizar a sus hijos. Es mucho más importante la formación que sucede en casa, que la formación que ocurre en un día de clases en la escuela católica o en una hora de clase de formación de la fe. 

No tengo suficientes palabras para enfatizar esto. Con frecuencia, los padres de familia dejan su responsabilidad en manos de los los maestros de las escuelas católicas y de los catequistas de la parroquia. Ellos están allí para ayudar a los padres y complementar la educación, la formación de la fe y el ejemplo que los niños reciban en sus casas, en el seno familiar. 

Una preocupación específica es la de la práctica sacramental en la familia. Durante mis diez años como obispo, una de las preocupaciones que escucho de los pastores es que demasiados niños y padres de las escuelas católicas, o de los programas de la formación de la fe, rara vez atienden la Misa dominical. Es casi como si las aulas escolares católicas o las clases de catecismo sustituyeran la gran obligación de los padres de traer a sus hijos al encuentro con Cristo en la Misa y en el Sacramento de la Reconciliación. He llegado a escuchar a algunos niños y a sus padres decir que las misas celebradas en la escuela sustituyen a la obligación de la Misa dominical. 

En resumen: la mayor responsabilidad de los padres de familia no es esforzarse por enviar a los hijos a las mejores escuelas y universidades para que consigan el éxito en el mundo. La mayor responsabilidad, su deber, es hacer todo lo que sea necesario, todo que esté a su alcance, para ayudar a sus hijos a entrar en el cielo. Es así de simple. Eso es todo lo que a nuestro Señor le interesará en el final de nuestros días, y eso es lo que los padres de familia prometieron solemnemente ante Él, en el día del bautizo de sus hijos.

 

Agradezco desde lo profundo de mi corazón a los padres de familia por tomar esa responsabilidadn tan seriamente. Me doy cuenta del gran desafío que significa criar niños en la cultura actual. Háganlo lo mejor que puedan, reconociendo la libertad que Dios dio a la voluntad de los hijos, y confiando en que la semilla que ha sido sembrada en casa dará su fruto, un día, en la vida de sus hijos.

Que Dios los bendiga. Sepan que están en mis oraciones. 

 

 

 





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