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El Centinela | Portland, OR Viernes, 22 de Septiembre de 2017
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Inicio : Comunidad y Fe : Columna Arzobispo Alexander K. Sample 22 de Septiembre de 2017

30 de Julio de 2016 12:57:00 PM
Tiempo de la Misericordia
Cortesía Arzobispo Alexander Sample
El Arzobispo Alexander Sample ante la imagen de la Virgen de Częstochowska.
Cortesía Arzobispo Alexander Sample
El Arzobispo Alexander Sample ante la imagen de la Virgen de Częstochowska.

Estoy escribiendo esta columna desde Cracovia, Polonia, donde tengo el privilegio de acompañar a los peregrinos de la Arquidiócesis de Portland, a la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). No exagero al decir que ésta es una de las experiencias espirituales más inspiradoras de mi vida. No todo el mundo sabe que soy parte polaco por el lado de mi madre y que, durante 36 años, he anhelado visitar Polonia. He cumplido este sueño. ¡Gracias a Dios!

 

En muchos sentidos, ésta es la “tierra de la Divina Misericordia”. Fue aquí donde Santa Faustina Kowalska recibió la visión de Jesús, revelándose como la Divina Misericordia, y aquí ella escribió el diario que contiene el mensaje que Jesús quiere que el mundo reciba en este momento de la historia: nuestro tiempo. Es también aquí donde San Juan Pablo II vivió e inició su ministerio. En gran parte, el es responsable por llevar el mensaje de compromiso de Santa Faustina al mundo. Su segunda encíclica fue Dives in Misericordia (sobre la Misericordia Divina), que nos recuerda que Dios es "rico en misericordia". 

No es casualidad que estas revelaciones vinieran y que San Juan Pablo II viviera aquí en Cracovia en un momento en que se cometían algunos de los mayores crímenes jamás cometidos contra la humanidad. No lejos de aquí se encuentra el campo de concentración de Auschwitz. Visitamos el campamento donde San Maximiliano Kolbe, quien, mostrando su misericordia, murió de hambre, después de haber tomado el lugar de un compañero de prisión sentenciado a muerte. Fue aquí donde más de 1,300,000 judíos y otros fueron enviados a la cámara de gases y cremados después de una muerte horrible. Fue una experiencia dolorosa caminar alrededor de los campos de exterminio donde tantos seres humanos fueron exterminados sin piedad. 

La respuesta de Dios a estos horrores fue darnos el mensaje de su Divina Misericordia. Hoy es el tiempo de la misericordia. La humanidad debe aceptar el llamado a mostrar su misericordia. Debemos abogar por la misericordia de Dios por nosotros y el mundo entero. Debemos ser misericordiosos con los demás de una manera intensa y profunda perdonándolos y practicando las obras corporales y espirituales de misericordia. Al practicar todo esto, debemos poner nuestra confianza total en Jesús. “Jezu ufam tobie” son las palabras debajo de la imagen de la Divina Misericordia que vimos sobre la tumba de Santa Faustina. “Jesús, en ti confío”.

 

Estamos viviendo en tiempos difíciles y peligrosos. Uno tiene la sensación de que algo profundo e importante está sucediendo en nuestro tiempo. Debemos recuperar el corazón de Dios, que es el corazón de la misericordia revelada en la pasión, muerte y resurrección de su Hijo, Jesús. Nuestro Santísimo Señor le dijo a Santa Faustina que si queremos evitar el ajusticiamiento de Dios, debemos extender la mano y tomar su mano misericordiosa extendida hacia nosotros.

Pero tengo una gran esperanza en los miles de jóvenes reunidos aquí de todas partes del mundo, ¡incluyendo a los jóvenes procedentes del Oeste de Oregón! Todos ustedes estarían tan orgullosos de nuestros jóvenes, como yo lo estoy. Ha sido un privilegio vivir todas estas experiencias con ellos. ¡Ellos entienden de lo que se trata! Ellos entienden que la respuesta a la oscuridad que hay en el mundo está en la fe en Dios y en todo lo que Él nos ha revelado en su Hijo Jesucristo. Los amados jóvenes de nuestra Arquidiócesis me han ayudado a renovar mi propia fe y esperanza. 

La inspiración para estas JMJ vino del santo Papa que amaba a los jóvenes de una manera tan profunda y especial. Vio en ellos la esperanza para el futuro, y él nunca dejó de apelar a la grandeza de la que ellos son capaces y que el mundo necesita. Paseé hoy por el barrio donde vivió San Juan Pablo. Podía sentir su presencia, y me sentí inspirado a ser mejor pastor, especialmente para los jóvenes que él tanto amaba. 

El punto culminante de este viaje para mí, probablemente, sea la celebración de la misa en el altar situado debajo del hermoso icono de la Virgen de Czestochowa con sus penetrantes ojos. He tenido una devoción hacia ella durante 36 años y, literalmente, no podía dejar de mirarla. Ella ha visto a Polonia a través de siglos de lucha, sufrimiento y persecución. La Virgen es la Madre de la Misericordia. A ella me encomiendo una vez más y encomiendo a las personas que están bajo mi cuidado pastoral. Que ella ayude a despertar en nosotros una fe más profunda, la esperanza y el amor abundantes. Que ella nos ayude a vivir el mensaje de la Divina Misericordia profundamente. Que ella vigile y guíe a nuestros jóvenes hacia el brillante futuro que se les ha confiado.

Matka Boże Częstochowska, ¡ruega por nosotros!



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